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CANTIGAS DE SANTA MARIA
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Referència: AV9923

Entre todos los cancioneros conservados,las Cantigas de Santa María del rey trovador Alfonso X el Sabio, con sus 420 composiciones, constituyen el repertorio musical más importante de Europa por lo que se refiere a la lírica medieval, y su cancionero mariano más rico. Las cantigas reeditadas en este nuevo volumen de la serie Heritage forman una selección preparada y grabada durante el año 1993, con el añadido de la cantiga O ffondo do mar tan chão grabada en el 2008..

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Intèrprets

La Capella Reial de CatalunyaHespèrion XXJordi Savall, dirección

Track List

1. Introducción (CSM 176) 1’38
2. Santa Maria, strela do dia (CSM 100) 2’57
3. Pero cantigas de loor (CSM 400) 3’49
4. Instrumental (CSM 123) 3’41
5. Muito faz grand’erro (CSM 209) 12’25
6. Por nos de dulta tirar (CSM 18) 8’07
7. Instrumental (CSM 142) 4’13
8. Pode por Santa Maria (CSM 163) 5’08
9. Miragres fremosos faz por nos (CSM 37) 4’15
10. Instrumental (CSM 77-119) 4’08
11. De toda chaga ben pode guarir (CSM 126) 10’05
12. Pero que seja a gente (CSM 181) 6’19
13. O ffondo do mar tan chão (CSM383) 8’36
14. Conclusión (CSM 176) 2’52

Descripción

ALFONSO X EL SABIO

Cantigas de Santa María

 

Como legislador e iniciador de obras jurídicas, Alfonso X sigue las huellas de su padre continuando empresas planeadas y empezadas por él, y es muy probable que también en el campo de la poesía el ejemplo de Fernando el Santo le sirviera de estímulo. Como describe su hijo en el Setenario y como sabemos por otras fuentes, el rey Fernando fue un gran mecenas de los juglares que frecuentaban la corte castellana y, hecho importante, albergó una profunda devoción por la Virgen, como se menciona en tres de las cantigas (122, 221 y 292).

 

Nacimiento y expansión del culto marial

 

Según las fuentes conservadas en diferentes papiros coptos y egipcios del siglo III y como demuestran también los textos de san Efrén de Siria († 373) y san Epifanio († 403), autor de las Precationes ad Deiparam y de los primeros himnos litúrgicos de carácter popular, los orígenes del culto público a María se desarrollan primero en Oriente. En el lugar donde se alza el famoso templo de Artemisa (diosa de la caza, los bosques, las montañas y la luna, considerada por las antiguas tradiciones como la hermana gemela de Apolo), en la ciudad de Éfeso (en aquel tiempo, la segunda ciudad más importante del Imperio romano; hoy Selçuk, junto a Kusadasi, en la provincia de Esmirna, Turquía), se proclama durante el tercer Concilio (431) a María «Madre de Dios». Cabe considerar la difusión de ese dogma como el preludio de la expansión del culto marial en Oriente y Occidente; su recuerdo es celebrado y eternizado por Sixto III (432-440) con la reconstrucción de la basílica Liberiana de Roma, conocida hoy con el nombre de basílica de Santa María la Mayor. En esa basílica se expanden rápidamente y con más esplendor los rituales de la liturgia mariana, como ponen de manifiesto las antífonas O admirabile commercium, Quando natus es ineffabiliter ex Virgine, Ecce Maria genuit Salvatorem, cantadas aun hoy in circumcisione Domini (el primero de enero), pero que fueron cantadas primero por las comunidades de Oriente y traducidas posteriormente al latín para su inclusión en la liturgia romana.

 

Después del siglo V, las iglesias marianas se multiplican en las Galias, la baja Germania y la península ibérica. La Iglesia hispana que por boca de Prudencio († después de 405) comenzó a cantar la Salve sancta Parens, y que ya en los tiempos antiguos del siglo VII se había preocupado de traducir al latín las obras de san Efrén, profundamente marianas, es la misma que copió el Orationale en Tarragona a finales del siglo del siglo VII o principios del siglo VIII, que conserva treinta y cuatro oraciones espléndidas dedicadas a santa María (Higinio Anglés, La música de las Cantigas de santa María, 1958).

 

Desde mediados del siglo V, la lírica poético-musical dedicada a santa María, con poesía latina, se expande por todo el mundo cristiano; de todos modos, no hay que olvidar que, si bien muchas de las obras del período arcaico se presentan como anónimas, ya desde el siglo VI se conocen muchos de los poetas latinos sagrados. Recordemos a algunos de los principales que dedicaron, con anterioridad a Alfonso X el Sabio, su lumen poético a enaltecer las glorias de la Virgen: Enodio de Pavía († 521), Venancio Fortunato (antes del año 610), san Beda el Venerable († 735), Pablo el Diácono († 799), Paulino patriarca de Aquilea († 802), Walafrido Strabo († 849), el obispo Fulberto de Chartres († 1028), Hermann de Reichenau († 1081), san Anselmo de Canterbury († 1109), Pedro Abelardo († 1142), santa Hildegarda de Bingen († 1171), Juan de Garlandia († después de 1252), Adán de Baseia († 1286), etcétera, por lo común nombres muy celebrados en la historia de la música.

 

La devoción mariana que tanto impulso recibió durante los siglos XII y XIII, además de ese repertorio latino que acabamos de mencionar, produce también otro repertorio de carácter más popular que da origen a la floración lírica de canciones marianas en texto romance entre las cuales figura la colección de las Cantigas de santa María de nuestro rey trovador. Un repertorio que, gracias a la creación y expansión de las nuevas órdenes religiosas intensamente favorecedoras la devoción y el culto a santa María, crece por doquier desde los siglos XII y XIII: en el Císter, con san Bernardo, el citharista Mariæ; en los agustinianos, dominicos, franciscanos, carmelitas y servitas de María, compiten todos por acrecer el acervo musical del arte mariano. Entre todos los cancioneros conservados, las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, con sus 420 composiciones, constituyen, según Higinio Anglés «el repertorio musical más importante de Europa por lo que se refiere a la lírica medieval», y es ciertamente el cancionero mariano más rico de la Edad Media; 356 cantigas son narrativas y relatan los milagros de la Virgen; las demás, excepto una introducción y dos prólogos, son de loor o se refieren a festividades marianas o cristológicas. Todas ellas, menos la introducción, están acompañadas de melodías, y la variedad de formas métricas que los autores de los textos utilizan con gran virtuosismo –como señala Jesús Martín Galán en el comentario adjunto– resulta extraordinaria; sobre todo, en las 64 cantigas no narrativas, que presentan 53 combinaciones diferentes.

 

El rey Alfonso X

Su corte y las Cantigas de santa María

 

Alfonso X nació en Toledo el 22 de septiembre de 1221, hijo primogénito de Fernando III de Castilla y de Beatriz de Suabia; y, aunque que no sepamos gran cosa de su educación literaria y musical, sí que está documentado que en su juventud le gustaba rodearse de músicos y poetas y competir con los trovadores y juglares músicos que trabajaban en la corte de su padre, donde empezó a apreciar los cantos occitanos y los de la lírica galaicoportuguesa. También los vínculos con la casa real de Francia lo acercaron a los repertorios monódicos en latín y romance y a los cantos de los Minnesänger. En la capilla real de su padre, aprendió el canto eclesiástico y, en la corte, los lais, virolais y rondeaux, además de las formas musicales de los trovadores provenzales y los troveurs franceses.

 

Una de sus huellas más relevantes, una vez coronado rey de Castilla y León, fue la capacidad de asimilar la cultura oriental que ya se realizaba en la capital del reino. En Toledo, la «escuela de traductores» aglutinó a un destacado grupo de estudiosos cristianos, judíos y musulmanes que desarrollaron una gran labor científica rescatando textos de la Antigüedad y traduciéndolos a las lenguas occidentales, un hecho que contribuyó a poner las bases del renacimiento científico de la Europa medieval. Dentro de la ingente producción científica planificada y hasta cierto punto dirigida por él, la colección de las Cantigas de santa María, su obra más significativa y con mayor carácter personal, ocupa un lugar aparte. Esa colección, con una gran riqueza en las miniaturas que adornan los dos manuscritos principales, acompañó al monarca durante muchos años de su vida y hasta su muerte. El gran investigador Walter Mettmann recuerda esa estima: «Cuando yace enfermo y en trance de morir en Vitoria y el arte de los médicos ya no le puede procurar alivio, manda que le pongan encima, en vez de paños calientes, “o livro das cantigas de Santa Maria”, por cuyo poder milagroso recobra la salud. [Cantiga 209, n. 5 del CD.] Pocas semanas antes de su muerte dispone en un segundo testamento “que todos los libros de los Cantares de loor de Sancta María sean todos en aquella Iglesia do nuestro cuerpo se enterraré”».

 

Las cantigas que reeditamos en este nuevo volumen de ALIA VOX Heritage forman una selección preparada y grabada durante el año 1993 con Montserrat Figueras, La Capella Reial de Catalunya y los músicos del conjunto Hespèrion XX, con el añadido de la cantiga O ffondo do mar tan chão (CSM383) grabada en el 2008.

 

JORDI SAVALL

Florencia, 19 de mayo del 2017

 

Traducción: Juan Gabriel López Guix