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COUPERIN – Apothéoses
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Se considera con demasiada facilidad a Couperin como un músico tierno y afable, con un toque melancólico y cuya paleta de tonos suaves es la misma que usa el pincel de Watteau. Existe otro Couperin, hábil con el humor y de garra ágil. Y aun un tercero, el músico comprometido con todos los combates estéticos de su época, y situado en la vanguardia. Grandes combates, como el que agrupó a los amantes de Italia y que le hizo componer, con veintidós o veinticuatro años, las primeras sonatas que vieron la luz en Francia. O escaramuzas, como la que opuso a los maestros jurados de la cofradía de los juglares a los músicos del rey. En todos esos casos, se lo vio tomar partido con ímpetu y energía, pero también traducir en música, con competencia y ese humor ligero que lo caracteriza, sus posiciones.

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Categoria

Catálogo completo, Heritage

Descripción
ALIA VOX AVSA9944
Heritage
CD : 47,02
FRANÇOIS COUPERIN
Les Apothéoses

CD

LE PARNASSE OU L’APOTHÉOSE DE CORELLI
Grande Sonade, en Trio

  • 1.Corelli au piéd du Parnasse
  • 2.Corelli, charmé de la bonne réception
  • 3.Corelli buvant à la Source D’Hypocrêne
  • 4.Enthouziasme de Corelli
  • 5.Corelli, aprés son Enthouziasme
  • 6.Les Muses reveillent Corelli
  • 5.Remerciment de Corelli (gayement)

CONCERT INSTRUMENTAL SOUS LE TITRE D’APOTHEOSE
Composé à la mémoire immortelle
de l’incomparable Monsieur de Lully

  • 1.Lully aux Champs Elysés
  • 2.Air pour les mêmes (gracieusement)
  • 3.Vol de Mercure aux Champs Elysés
  • 4.Descente d’Apollon
  • 5.Rumeur souteraine
  • 6.Plaintes des mêmes
  • 7.Enlévement de Lulli au Parnasse
  • 8.Acueil entre doux et agard
  • 9.Remerciment de Lulli à Apollon
  • 10.Apollon persuade Lulli et Corelli
  • 11.Air léger pour deux violons
  • 12.Corelli, aprés son Enthouziasme
  • 13.Second air. Corelli
  • 14.La Paix du Parnasse (gayement)

 

 Monica Huggett, Chiara Banchini violons
Ton Koopman
clavecin
Hopkinson Smith
théorbe · Bernard Hervé récitant
Jordi Savall
basse de viole et direction

Enregistrement réalisé par Radio France du 19 au 22 mars 1985 en l’église luthérienne Saint-Jean à Paris. Prise de son : Agnès Boissonnode – Montage : Patent Bernard
Direction artistique : Michel Bernard
Mastering SACD : Manuel Mohino.

 

François Couperin
Les Apothéoses

Se considera con demasiada facilidad a Couperin como un músico tierno y afable, con un toque melancólico y cuya paleta de tonos suaves es la misma que usa el pincel de Watteau. Existe otro Couperin, hábil con el humor y de garra ágil. Y aun un tercero, el músico comprometido con todos los combates estéticos de su época, y situado en la vanguardia. Grandes combates, como el que agrupó a los amantes de Italia y que le hizo componer, con veintidós o veinticuatro años, las primeras sonatas que vieron la luz en Francia. O escaramuzas, como la que opuso a los maestros jurados de la cofradía de los juglares a los músicos del rey. En todos esos casos, se lo vio tomar partido con ímpetu y energía, pero también traducir en música, con competencia y ese humor ligero que lo caracteriza, sus posiciones.

El combate de las Musas (de la Musa italiana y la Musa francesa) había agitado todo el siglo XVII, cuya historia es un vasto campo de maniobras donde evolucionan tropas italianas dirigidas por Rossi o Cavalli bajo la bandera de Mazarin, rechazadas por los aficionados de los ballets cortesanos, con repliegues tácticos de los compositores de aires de corte, contramarchas de los virtuosi, hasta la victoria final del tránsfuga Lulli, traidor a los suyos, que se apoderará del estandarte francés tras cambiar por una «y» la marca italiana de su nombre. No tomemos ese combate estético a la ligera: fue algo muy serio y en él se jugó con mucha frecuencia el destino mismo del arte francés. Cuando nace Couperin, una tregua forzada ha conseguido devolver para siempre a los invasores al otro lado de los Alpes. Lully tiene sus incondicionales, sus fanáticos. Sin embargo, en secreto, Italia arma a los suyos, y no dejarán de transcurrir los primeros años del siglo XVIII sin que se enzarcen de nuevo nacionales y partidarios de las bellezas de Italia.

Sobre ese trasfondo se inscribe la obra de François Couperin. La música italiana enseguida ejerce su atractivo sobre él. Y en su nombre se lanza a la música, con la fogosidad de la juventud. Locamente prendado de Corelli, hace interpretar con pseudónimo italiano su primera sonata, que es también la primera sonata compuesta en Francia. A ojos de sus contemporáneos, es, como dice con desdén Lecerf de la Viéville, fanático lullista, «el servidor apasionado del italiano». Couperin jamás renegará de esa vena que siente dentro de sí. Sin embargo, su grandeza provendrá, con los años, de intentar una síntesis que él mismo llamará «los gustos reunidos». No se trata de una neutralidad inconsistente, sino de un compromiso bilateral, destinado a suplementar las cualidades propias de las dos músicas. A la copiosa riqueza y la generosidad melódica que le ha enseñado Italia, añade una mayor mesura, un sentido más delicado de la fragilidad de las formas y un gusto por la danza característico de la sensibilidad musical francesa. Pero no basta con obrar esa síntesis. Couperin se aferra al país de Descartes por la lucidez y la clara conciencia de lo que hace y de lo que quiere hacer: en eso su obra es una obra «comprometida». Hace lo que quiere, pero dice por qué. Y tampoco basta que lo diga: lo proclama, aunque con una sonrisa, un guiño que establece una levísima distancia.

L’Apothéose de Corelli (1724) y L’Apothéose de Lully (1725) son dos declaraciones de intenciones, dos proclamaciones de fe, dos mensajes de reconocimiento, así como dos afirmaciones firmes y ambiguas al mismo tiempo, hechas por el propio Couperin a través de dos grandes predecesores a los que rinde homenaje. «El gusto italiano y el gusto francés han dividido desde hace tiempo [en Francia] la República de la Música; por mi parte, siempre he estimado las cosas que lo merecían, sin discriminación de autores ni de naciones; y las primeras sonatas italianas que aparecieron en Francia hace más de treinta años, y que me animaron a componer algunas, no causaron perjuicio alguno a mi espíritu, ni a las obras del señor de Lully, ni a los de mis predecesores, que serán siempre más admirables que imitables. Así, por el derecho que me otorga mi neutralidad, sigo navegando bajo los felices auspicios que me han guiado hasta el presente.»

LE PARNASSE OU L’APOTHÉOSE DE CORELLI forma parte de los Goûts réunis.

Es una sonata a la italiana, la más amplia y fuerte compuesta por Couperin. No es un pastiche, sino una obra seria y grave, constantemente hermosa, armoniosa y generosa; y, en ese sentido, más que por la proximidad del estilo, constituye un homenaje a Corelli. Cada movimiento está provisto de un título, pero no se trata de un argumento ni de un comentario. Es un detalle ingenioso superpuesto a la música, que permanece «pura».

Corelli al pie del Parnaso ruega a las Musas que lo acojan entre ellas (gravemente).

Poderoso bajo melódico al estilo de Corelli, larga frase de un solo aliento, armonías esquivas, simuladas, encuentros sensuales y deliciosos.

Corelli, cautivado por la buena recepción que se le hace en el Parnaso, muestra su alegría. Continúa con quienes lo acompañan (alegremente).

Hermoso fugato, largamente desarrollado.

Corelli bebiendo en la fuente de Hipocrene, su séquito continúa (moderadamente).

Movimiento límpido (el único que cabría calificar de descriptivo), largas notas sostenidas, suaves disonancias que evocan la fuente sagrada que antaño hizo brotar Pegaso con un golpe de coz.

Entusiasmo de Corelli causado por las aguas de Hipocrene (vivamente).

Pequeño movimiento casi concertante, con grandes vuelos y un temblor en las cuerdas que recuerdan la reputación que tenía Corelli de tocar «como un poseso».

Corelli, tras su entusiasmo, se queda dormido; y su séquito interpreta el siguiente Sueño (muy suave). «Sueño» como encontramos en todas las óperas italianas, pero también en las Sinfonie da chiesa, con un admirable refinamiento armónico.

Las Musas despiertan a Corelli y lo colocan junto a Apolo (vivamente).

Es una tromba, pero escrita en tresillos de triples corcheas, de un efecto muy alegre.

Agradecimiento de Corelli (alegremente).

Uno de los más hermosos movimientos fugados de Couperin sobre un bello tema italiano de talla, ya casi más vivaldiano que corelliano.

 

CONCERT INSTRUMENTAL SOUS LE TITRE D’APOTHÉOSE COMPOSÉ À LA MÉMOIRE IMMORTELLE DE L’INCOMPARABLE MONSIEUR DE LULLY.

(Concierto instrumental bajo el título de apoteosis compuesto a la memoria inmortal del incomparable señor de Lully).

El título es rimbombante, enfático; pero en él entrevemos ya el humor de Corelli: parece dirigirse a los devotos del superintendente con su propia jerga hagiográfica… Hay que ver el humor entreverado con lo serio en cada compás de esta obra nueva: eso la distingue, de entrada, de L’Apothéose de Corelli. Aquélla era una sonata provista de títulos; aquí, se trata de una auténtica música de programa, cuya chispa se nos escapa si no conocemos la intención.

Lully en los Campos Elíseos, concertando con las Sombras líricas (gravemente).

Gran ritornelo operístico, de lenguaje sencillo como el de Lully. En los Campos Elíseos, es él, a todas luces, quien dirige. Ha encontrado el modo de ser, también ahí, superintendente y asegurarse un monopolio…

Aire para los mismos (con gracia).

Es una especie de Entrada de Ballet con ritmo bailable.

Vuelo de Mercurio a los Campos Elíseos para avisar de que va a descender Apolo (muy rápido). Alusión directa a las escenas de ópera donde los dioses van precedidos de mensajeros.

Descenso de Apolo que acude para ofrecer a Lully su violín y su lugar en el Parnaso (noblemente).

Gran pieza orquestal, tradicional en la ópera, para celebrar la majestad del acontecimiento, y para cubrir el ruido de las máquinas…

Rumor subterráneo, causado por los Autores contemporáneos de Lully (rápido).

Couperin empieza a divertirse. Los envidiosos Lully son los italianos y los italianizantes a los que ha destruido y que traman su venganza. De ahí el estilo, diferente del usado en el principio, y que viene del otro lado de los montes.

Quejas de los mismos, por violines suavizados (dolientemente).

¿Se quejan ésos en francés?

Elevación de Lully hasta el Parnaso (muy ligeramente).                

Pequeño embrión de un estilo de imitación, algunas síncopas a la italiana…

Acogida entre amable y asustada hecha a Lully por Corelli y las Musas italianas (largo).

Sobre un bajo en movimiento a la Corelli.

Agradecimiento de Lully a Apolo (con gracia).

Aire totalmente francés en aspecto y enfoque, abundantemente ornamentado.

Apolo convence a Lully y Corelli que la reunión de los Gustos Francés e Italiano dará lugar a a la perfección de la Música. Ensayo en forma de Obertura.

Corelli admiraba tanto la Obertura de Armide que la hizo enmarcar; por lo tanto, no resulta sorprendente que Apolo-Couperin salude la reconciliación de los dos estilos rivales por medio de una obertura a la francesa… bastante italianizada.

Aire ligero para dos violines, con Lully tocando el Tema y Corelli acompañándolo. Segundo aire. Corelli toca el tema, y Lully acompaña.

Couperin se divierte claramente: pequeño dúo en forma de pastiche doble, donde aparecen por turnos los dos estilos. Es el más hermoso «al modo de…» de la música.

La Paz del Parnaso, hecha, bajo la admonición de las Musas francesas, con la condición de que, cuando se hable su lengua, se diga a partir de ahora Sonada, Cantada, tal como se pronuncia Balada, Serenada, etcétera, Sonada en Trío.

Son los «Gustos reunidos»: las musas francesas interpretan el primer violín, las musas italianas, el segundo. La fusión de los géneros es perfecta, y la síntesis, ideal.

¡Triunfo de Apolo… y de Couperin!

PHILIPPE BEAUSSANT

Traducción: Juan Gabriel López Guix