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DON QUIJOTE DE LA MANCHA Romances y Músicas
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Referencia: AVSA9843

  • Hespèrion XXI
  • La Capella Reial de Catalunya
  • Jordi Savall

Dentro de la inmensa cantidad de elogios y homenajes que se han publicado en ocasión del cuarto centenario del Quijote, pocos serán los que tratarán profundamente la dimensión musical de Miguel de Cervantes, como también aún menos serán los que recordarán que su grandeza literaria le sirvió de tan poco como a su héroe su grandeza de ánimo. Como aún hoy sucede con nuestros músicos del pasado, cuya memoria continua en pleno siglo XXI sepultada por las sucesivas capas del romanticismo y modernismo, Miguel de Cervantes no fue sólo un gran incomprendido en la España de su tiempo, sino que fue bastante maltratado y humillado por sus contemporáneos. En medio de tanta celebración conviene recordarlo y al mismo tiempo resaltar la dimensión musical de su genio.

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Dentro de la inmensa cantidad de elogios y homenajes que se han publicado en ocasión del cuarto centenario del Quijote, pocos serán los que tratarán profundamente la dimensión musical de Miguel de Cervantes, como también aún menos serán los que recordarán que su grandeza literaria le sirvió de tan poco como a su héroe su grandeza de ánimo. Como aún hoy sucede con nuestros músicos del pasado, cuya memoria continua en pleno siglo XXI sepultada por las sucesivas capas del romanticismo y modernismo, Miguel de Cervantes no fue sólo un gran incomprendido en la España de su tiempo, sino que fue bastante maltratado y humillado por sus contemporáneos. En medio de tanta celebración conviene recordarlo y al mismo tiempo resaltar la dimensión musical de su genio.

Solamente un escritor con una excelente formación y experiencia musical, y poseedor además de amplios conocimientos sobre la práctica y función misma de la música, el repertorio antiguo y contemporáneo de los romances, las canciones y las danzas, y también sobre los instrumentos musicales en uso en su tiempo, podría ser capaz de integrar en sus relatos, tanta y tan precisa información sobre el hecho musical cotidiano. Para Cervantes la música es siempre la forma más pura de expresión de los sentimientos personales. Los múltiples sonidos tanto musicales como ambientales, descritos siempre con gran profusión de detalles, llenan y animan la vida misma en los momentos más emocionantes. La música puede ser portadora de paz y alegría, de melancolía y tristeza, y ser capaz también de encantar y embrujar, siempre gracias a la belleza y expresión intrínseca de un cantar eminentemente intimo y personal. Asociada a los romances, ella nos transporta a un mundo maravilloso en el cual nuestra memoria histórica y mitológica ancestral, sirve de inspiración o pretexto para entender o soportar, y finalmente sublimar y superar las miserias y desventuras cotidianas. Por ello, la música es siempre un elemento tan esencial en el relato Cervantino, ya que gracias a ella podemos acceder a esta dimensión mágica que va mucho más allá de lo que las palabras pueden expresar o sugerir.

Si casi todas las grandes novelas son en una medida considerable autobiográficas, es muy probable que la misma vida del propio Cervantes haya servido también de inspiración alegórica para algunos momentos del Quijote. Por todo ello es muy evidente imaginarnos al mismo Cervantes templando también su vihuela “y con voz ronquilla aunque bien entonada” ponerse a cantar un romance para olvidar sus penas, ya que a pesar del extraordinario éxito, sobre todo internacional, del Quijote, ello no le evitó vivir en condiciones muy humildes, sin consideración ni reconocimiento en su propio país y finalmente morir en la miseria.

Nuestro interés por las músicas de Miguel de Cervantes remonta ya a los años 70, cuando junto con Montserrat Figueras, Hopkinson Smith, Ton Koopman y otros músicos del recién fundado Hespèrion XX, preparamos para EMI, la grabación “Canciones y Danzas de España, en la Época de Miguel de Cervantes” (1977). Si en aquellos años seleccionamos una variada muestra del repertorio Cervantino, en la actual edición de los Romances y Músicas de Don Quijote se incluyen todos los romances, canciones, madrigales y músicas, citados y comentados por los diferentes personajes o descritos en las diferentes situaciones de la narración, siempre asociados al texto correspondiente que es recitado por varios narradores. De tal manera que, al escucharlos en el momento justo de la acción narrativa, su fuerza expresiva y su evocadora belleza, nos permiten una nueva y emocionante aproximación al universo de nuestro entrañable Ingenioso hidalgo.

Las músicas originales correspondientes a una gran mayoría de romances y canciones, se han conservado en los cancioneros, en las publicaciones (para Vihuela de mano, Arpa o tecla) y en los tratados de la época. Así mismo, el dramático romance de Don Beltrán sobre la derrota de Roncesvalles se ha podido restaurar a partir del canto llano utilizado por los vihuelistas y en la magistral versión polifónica de Juan Vásquez. Las festivas músicas que acogen a Don Quijote a su llegada a Barcelona con los sones del Villano son a cargo de las Flautas, Chirimías y Atabales. O el popular romance de los amores y aventuras del Conde Claros, ha sido recreado a partir de la sucinta pero esencial información sobre la melodía (anotada en 1565 por Francisco Salinas en su tratado Musica Libri VII) y también de las armonizaciones y diferencias de Venegas de Henestrosa y de los vihuelistas.

En todos los casos en los que la música no se conocía, ya sea por no existir ninguna fuente histórica o por ser nuevas obras compuestas por el mismo Cervantes (números: 18, 22 y 24, de la Primera parte y 15, 19, 25 y 27 de la Segunda parte), hemos recurrido a las técnicas de “contrafacta” tan habituales en la misma época, seleccionando las músicas de época más apropiadas y correspondientes al mismo carácter y métrica poética; Así el gracioso Romance Viejo de Lanzarote se ha recuperado a partir de una antigua melodía sefardí, mientras que para el Romance de Guarinos se ha utilizado la música del Romance de Alburquerque (CMP 106). Para el Romance del Llanto de Belerma hemos escogido el intenso y expresivo lamento femenino El bien qu’estuve esperando de Sant Juan (CMP 68).

Todas estas músicas han sido integradas en el contexto de la narración y se interpretan en la forma esencial en que son descritas: ya sea con instrumentos determinados como la vihuela, el arpa o el rabel, o con la voz sola o acompañada solamente por “sus propios suspiros” (II nº 25). Completan y acompañan los recitados algunas de las piezas instrumentales más populares de la época; Conde Claros y Guárdame las vacas, Pavanas y Gallardas, presentadas en las diferentes versiones de los vihuelistas, además de las diferentes introducciones o comentarios instrumentales improvisados por los varios instrumentos como el: Oud, Vihuela de mano, Arpa cruzada, Órgano, Clavecín, etc… El fin de nuestro héroe se acompaña con unos fragmentos del Réquiem; el Lacrimosa en su forma de canto llano en falso bordone, y el sublime Pie Jesu (a 5 voces) de Cristóbal de Morales.

La extraordinaria variedad de temas y caracteres de todos estos Romances y Músicas, forman un entrañable fresco poético-musical que nos aportan una nueva luz, sobre otro aspecto del posible origen de la sinrazón de nuestro héroe. Al mismo tiempo nos revelan también el enorme tesoro musical que el genio de Miguel de Cervantes supo acoger en su novela Don Quijote. En su época, como nos recuerda Paloma Díaz-Mas, el romancero era un género de moda gracias a la difusión que la imprenta hizo de estos textos. Esta poesía hecha para cantarse estaba en boca de todos y Cervantes inserta en su Quijote romances viejos de tradición medieval, pero sin duda sabidos por el público de principios del siglo XVII o romances también nuevos compuestos para la ocasión y que, en forma de cantos, refranes o simples alusiones, evocaban un mundo aunque por todos conocido, no menos sugestivo y encantador. Este antiguo material poético y sonoro se recupera, con esta grabación, de un injusto e incomprensible olvido y realza un tesoro musical hasta ahora poco explorado y oculto entre las páginas de la obra más universal de la literatura castellana.

JORDI SAVALL
Bellaterra, Verano de 2005