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INVOCATION À LA NUIT.
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Reference: AV9861A+B

  • Montserrat Figueras
  • Hespèrion XXI. La Capella Reial de Catalunya
  • Le Concert des Nations
  • Jordi Savall

«Es en la noche cuando resulta hermoso creer en la luz.»
Edmond Rostand
1868-1918)

«La noche a cielo y tierra callar hace, y al viento, y fieras y aves encadena, que en su carro estrellado va serena, y su lecho la mar sin olas yace. Veo, ardo y lloro»… y el milagro se reproduce una y mil veces en nuestro corazón. Sí, gracias al genio de poetas como Francesco Petrarca siguen emocionándonos, en pleno siglo XXI, esas palabras antiguas pero eternamente conmovedoras y sugerentes. “Puestas en música” por Claudio Monteverdi en el maravilloso madrigal Hor che’l ciel et la terra, se convierten hoy en una hermosa invocación y gracias a ese “recitar cantando”, ancestral y atemporal a un tiempo, los misterios que encierra la noche en su infinito se nos libran sin resistencia y llegan de ese modo a lo más hondo de nuestro corazón maravillado y sediento de belleza.

Información adicional
Informació de l’enregistrament:

Enregistrements réalisés entre 1993 et 2008

Intèrprets:

Montserrat FiguerasHespèrion XXI. La Capella Reial de CatalunyaLe Concert des NationsJordi Savall

Altra informació:

Formats disponibles : 2 CDLlengües del llibret : Français, English, Castellano, Català, Deutsch, ItalianoData de publicació : 12/05/2008

Descripción

«Es en la noche cuando resulta hermoso creer en la luz.»
Edmond Rostand
1868-1918)

«La noche a cielo y tierra callar hace, y al viento, y fieras y aves encadena, que en su carro estrellado va serena, y su lecho la mar sin olas yace. Veo, ardo y lloro»… y el milagro se reproduce una y mil veces en nuestro corazón. Sí, gracias al genio de poetas como Francesco Petrarca siguen emocionándonos, en pleno siglo XXI, esas palabras antiguas pero eternamente conmovedoras y sugerentes. “Puestas en música” por Claudio Monteverdi en el maravilloso madrigal Hor che’l ciel et la terra, se convierten hoy en una hermosa invocación y gracias a ese “recitar cantando”, ancestral y atemporal a un tiempo, los misterios que encierra la noche en su infinito se nos libran sin resistencia y llegan de ese modo a lo más hondo de nuestro corazón maravillado y sediento de belleza.
Siempre es esa noche misteriosa la que sabe acoger por entero el silencio, ese elemento tan esencial para la música. Es entonces cuando la noche nos revela los lamentos más secretos, las alegrías más ocultas y los murmullos más lejanos. Es también entonces cuando descubrimos esa luz lunar y estrellada capaz de hacernos sentir reales en la inmensidad de un universo infinito. Gracias a todo eso, nuestros pensamientos se vuelven lúcidos y nuestra imaginación recobra toda su libertad, una libertad que hará que nos sintamos capaces de alcanzar cuanto nuestro corazón aspira y desea.
«La noche es la salvación del alma», nos dice el poeta árabe del siglo X en uno de los cuentos de las Mil y una noches (Historia de Dulce-Amiga). Una cifra mágica esas 1001 noches que transcurren en la vida como un instante fugaz, un instante que dura menos de 3 años (exactamente, 2 años y 271 noches). De pronto me doy cuenta de que he tenido la suerte de vivir 20 veces Mil y una noches. Noches de infancia, llenas de descubrimientos maravillosos, pero también noches tristes acechadas por los temores de la guerra y la incertidumbre del mañana. Noches de adolescencia acunadas por el descubrimiento y el aprendizaje del amor, de la amistad y el sonido cálido del violonchelo. Noches claras de una primavera de 1965 llena de encuentros inolvidables, el de la amada ideal y el de la viola de gamba y sus músicas olvidadas. Noches estrelladas en los jardines del monasterio de Pedralbes (en Barcelona), donde con Montserrat Figueras decidimos hacer juntos nuestro viaje hacia el futuro, hacia esas mañanas aún inciertas pero llenos ya de confianza y esperanza, resueltos a compartir felicidades y desgracias, músicas y amistades, caminos y sueños de toda una vida.
Fue también una noche de verano, hacia finales del mes de julio de 1975, cuando emprendí con Hopkinson Smith (tiorba) y Anne Gallet (clavecín) mi primera grabación, con las melodías del Second livre de pièces de viole de Marin Marais, para el inicio de la colección Astrée (creada y dirigida por Michel Bernstein). La hermosa iglesia románica de Saint-Lambert des Bois (Versalles), donde grabamos, tenía una acústica ideal, pero la cercanía de un pequeño aeródromo nos obligó a grabar entre las ocho de la noche y las cinco de la mañana. Evidentemente, el cansancio y lo avanzado de la hora nocturna modificaron muy a menudo nuestra percepción de algunas obras, sobre todo de los movimientos lentos, que en el silencio profundo de la noche y en la magia del sonido que resonaba en la iglesia adquirían una dimensión expresiva fuera de lo común. Aunque, por encima de todo, sentíamos que a medida que avanzaba la noche más necesario era compensar la falta de energía física provocada por la pérdida de tono y el cansancio natural con un excedente de alma. Sentíamos que, cuando el cuerpo dejaba de responder, era el espíritu quien tomaba el relevo. En ese momento tomé conciencia también de las ventajas de la noche para la interpretación de piezas como Les voix humaines y las Sarabandes y los Tombeaux.
Apenas unos meses más tarde, a principios de noviembre de 1975, recibimos una invitación, gracias al entusiasmo del productor Gerd Berg, director de la nueva colección REFLEXE de EMI-ELEKTROLA, para grabar un nuevo programa de música española en el Munstermuseum de Basilea. Nos encontramos en mitad de las noches de invierno basilenses; fue nuestro primer álbum doble, Les Musiques profanes de l’Espagne chrétienne et juive, con Montserrat Figueras y el equipo de músicos de Hespèrion XX.
Desde entonces han transcurrido 1001 noches más de doce veces, con muchas músicas grabadas o interpretadas casi siempre en la magia de las horas avanzadas o casi matinales. En su recuerdo hemos seleccionado algunas de las más hermosas obras vocales e instrumentales, asociadas de modo directo o indirecto a la noche, el sueño y las celebraciones de paz y duelo. Las presentamos simbólicamente como «Invocación a la noche» y como testimonio de todos esos años de creación en ASTRÉE/AUVIDIS (1975-1996) y ALIA VOX (1998-2008). Más de 140 grabaciones realizadas con la total complicidad y también el sacrificio de una fatiga a veces extrema de nuestros ingenieros de sonido y, en especial, de todos nuestros cantantes, músicos solistas y colaboradores fieles de HESPÈRION XX y XXI, LA CAPELLA REIAL DE CATALUNYA y LE CONCERT DES NATIONS. Quiero manifestar aquí a todos ellos nuestra sincera y profunda gratitud y nuestro caluroso homenaje por haber hecho posible que tantos momentos únicos de emoción, belleza y luz hayan sido captados para la eternidad. Gracias a nuestra nueva reedición gradual de todo el antiguo catálogo ASTRÉE/AUVIDIS en ALIA VOX HERITAGE podremos darlos a conocer a las generaciones actuales y futuras, junto con las novedades que seguiremos produciendo en ALIA VOX. Edmond Rostand dijo: «Es en la noche cuando resulta hermoso creer en la luz». Estamos convencidos de que necesitamos esa luz para recuperar un poco de paz en un mundo desgarrado por una violencia cada vez más absurda y mortífera. «Es muy difícil vivir sin paz a nuestro alrededor, pero es imposible vivir sin paz en el interior de nuestro corazón», nos recuerda con su sabiduría legendaria el filósofo Raimon Panikkar (nacido el 1918). Para recuperarla sólo nos queda el amor y la música.

JORDI SAVALL
Bellaterra, noche del 15 de abril del 2008

Traducción: Juan Gabriel López Guix