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NINNA NANNA 1550-2002
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Referencia: AV9826

  • Montserrat Figueras
  • Arianna Savall
  • Hespèrion XXI
  • Jordi Savall

Ya desde tiempos antiquísimos, la canción de cuna existe como una de las formas musicales más esenciales presente sin excepciones en todas las comunidades humanas. Este canto, gracias a la emoción y a la sensibilidad, se convierte en la más antigua expresión de afecto y de ternura asociada a la música y es a la vez como uno alimento espiritual para el niño, a quien adormece en un sueño reparador y plácido y lo lleva al mundo onírico del sueño donde conviven paz, belleza y amor.

Descripción

Ya desde tiempos antiquísimos, la canción de cuna existe como una de las formas musicales más esenciales presente sin excepciones en todas las comunidades humanas. Este canto, gracias a la emoción y a la sensibilidad, se convierte en la más antigua expresión de afecto y de ternura asociada a la música y es a la vez como uno alimento espiritual para el niño, a quien adormece en un sueño reparador y plácido y lo lleva al mundo onírico del sueño donde conviven paz, belleza y amor.

La canción de cuna es también indispensable desde el nacimiento y durante los primeros años de existencia. La madre ayuda al niño, para quien, desde su nacimiento en el mundo exterior, todo es nuevo y puede tener miedo. El niño reconoce en la canción la voz de la madre, su presencia, su gesto… y en la intimidad del momento se crea un espacio de profundos símbolos ancestrales donde la música y la palabra son vínculo de pura emoción y autenticidad. De esta manera se establece el primer diálogo, el primer cuento, la primera enseñanza de unas tradiciones, vivencias y culturas que se convertirán con el tiempo en parte esencial de una memoria colectiva.

Pero por encima de todo hay en la madre, el padre, los hermanos mayores o la abuela que cantan, el deseo de dar lo mejor de uno mismo, que no es más que un acto de amor, y de este modo el niño empieza a vivir la esencia de la vida.

Este disco está dedicado a las madres, a los niños y especialmente a mis hijos, Arianna y Ferran, quienes en todo momento han sido fuente de ternura e inspiración.

Montserrat Figueras

Bellaterra, otoño 2002