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  • PRO·PACEM Textes, Art & Musiques pour la Paix
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PRO·PACEM Textes, Art & Musiques pour la Paix
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Referencia: AVSA9894

  • Jordi Savall
  • Hespèrion XXI
  • La Capella Reial de Catalunya
  • Montserrat Figueras
  • Fatema Mernissi
  • Edgar Morin
  • Raimon Panikkar
  • Antoni Tàpies
Descripción

Albert Einstein (1879-1955)

Hiroshima, 6 agosto de 1945, 8.15 h.
«Miré a mi alrededor: aunque era temprano, el cielo estaba oscuro como en el anochecer, con polvo y humo que ascendían hasta la atmósfera. Vi figuras fantasmales que se desplazaban lentamente desde el centro de la ciudad de Hiroshima hacia las colinas de los alrededores. Eran cuerpos desnudos y desgarrados, sangraban, estaban quemados, ennegrecidos e hinchados. Estaban mutilados, la carne y la piel colgaba de los huesos; a algunos se les habían salido los ojos y los sostenían en las manos, a otros les había estallado el estómago y tenían los intestinos medios salidos. Nosotras, las muchachas, nos unimos a esa procesión de fantasmas, cuidando de no pisar los cadáveres ni a los agonizantes. Reinaba un silencio mortal, roto solamente por los gemidos de los heridos y sus súplicas pidiendo agua. El olor nauseabundo de pieles quemadas llenaba el aire […].»
Setsuko Thurlow, hibakusha, superviviente de la bomba de Hiroshima.

Cambrai, enero de 1517.
«Por lo común las bestias monteses no acometen sino cuando el hambre y el celoso amor de sus crías les provoca la rabia. […] Si fuera la chusma quien hiciera tal, la ignorancia podría excusarla hasta cierto punto. […] Pero el caso es que las semillas de la guerra proceden , en su parte principal, de aquellas encopetadas personalidades cuyo consejo y templanza deberían acallar y sosegar los airados movimientos populares. […] Actualmente los príncipes guerrean en toda seguridad; con ello se multiplican los generales; la más pesada cuenta de los males cae sobre los labradores y el pueblo bajo, a quienes la guerra ni les interesa, ni ofrecieron ninguna causa para el estallido. […] La guerra, en su contingencia mas feliz, tritura y muele por lo menos las posibilidades económicas de todos, y todo cuanto se adquirió con artes honestas y con fatiga y sudor tiene que pasar a manos de cuatro crudos carniceros.»
Erasmo, Querella de la paz.
Trad. Lorenzo Riber

Barcelona, 1 de julio del 2004.
Es difícil vivir sin paz exterior en torno a nosotros. Es imposible vivir sin paz interior, la paz de nuestro corazón. La música crea un espacio de paz, tanto en el interior como en el exterior. No son numerosos quienes crean música, algunos son capaces de interpretarla. En cambio, todos pueden escucharla; pero también hace falta aprender ese tercer arte musical logrando el silencio en el interior y el exterior. Hay que estar en paz para escuchar la música y, al mismo tiempo, la música es fuente de paz. Es un círculo vital.
Raimon Panikkar, introducción al concierto Da pacem (Foro Universal de las Culturas).

Barcelona, verano de 1966 y enero de 1987.
«Cuando leo en Kant que la belleza tiene un valor desinteresado, no lo entiendo. Es como cuando la gente dice que es apolítica, que hace las cosas sin propósito; no me lo creo. Ser apolítico es una manera de hacer política. Y, con la belleza, lo mismo. Creo en un arte para la sociedad. Si eso no fuera posible, no haría nada, el arte no me interesaría. […] Más que nunca, yo también sentía aquella necesidad, como decía Penrose de Picasso, “de concluir un pacto con mis semejantes”, de que definitivamente mi arte estuviera implicado estrechamente en las luchas, las alegrías y las esperanzas del pueblo, de mi pueblo catalán por encima de todo.»
Antoni Tàpies, Conversations y Memòria personal.

He querido introducir la presentación de nuestro proyecto Pro pacem con estas cuatro citas diferentes que nos sitúan de inmediato en el corazón del debate: el testimonio de Setsuko Thurlow, una hibakusha, una superviviente de la bomba de Hiroshima y víctima inocente de una guerra atroz; una reflexión de Erasmo de Rotterdam, el gran humanista y defensor de la paz en el siglo XVI, sobre el hecho de que son siempre los inocentes quienes más sufren en cualquier guerra; un pensamiento espiritual acerca de la imposibilidad de vivir sin paz en nuestro corazón, del filósofo, teólogo y escritor de origen catalán e indio Raimon Panikkar; y una reflexión vivida de uno de los principales artistas de nuestro tiempo, el pintor Antoni Tàpies, sobre el compromiso del artista con respecto a la sociedad.

PRO PACEM

Pro pacem es un nuevo proyecto de libro-cd que defiende un mundo sin guerra ni terrorismo y un desarme nuclear total. El mosaico sonoro se articula como un diálogo vivo de músicas espirituales vocales e instrumentales procedentes de diferentes repertorios de Oriente (Armenia, Turquía, Sefarad, India, Israel y China) y Occidente (Grecia, España, Inglaterra, Portugal, Italia, Estonia y Bélgica). Estas músicas están inspiradas por los antiguos oráculos sibilinos (Montserrat Figueras), las plegarias del Corán y la liturgia hebrea, así como en las piezas vocales basadas en uno de los más antiguos cantos cristianos de invocación a la paz: Da pacem Domine (Danos la paz, Señor), primero a partir de la versión gregoriana y luego la versión a tres voces de Gilles Binchois (siglo XIV), hasta la nueva versión de Arvo Pärt –compuesta especialmente para nuestro concierto (en favor de la paz) dado en el Foro Universal de las Culturas de Barcelona en el 2004–, pasando por las de Josquin, Parabosco, Orlando di Lasso y el lamento sefardí El pan de la aflicción. Todas esas obras son cantadas por los solistas de La Capella Reial de Catalunya. Este programa Pro Pacem se completa con otras músicas vocales cantadas por Montserrat Figueras, como el motete Flavit auster del monasterio de Las Huelgas, el villancico portugués de Goa Senhora del mundo y el motete de Francisco Guerrero, así como las improvisaciones de Ferran Savall en la Deploratio IV. Y, por último, con unas piezas instrumentales de Christopher Tye, Henry Purcell y yo mismo (Planctus Caravaggio), de carácter profundamente espiritual. El conjunto de los intérpretes está compuesto por Montserrat Figueras, Lior Elmaleh, Marc Mauillon, Muwafak Shahin Khalil, Ferran Savall, los solistas de La Capella Reial de Catalunya, Hespèrion XXI, Le Concert des Nations y por músicos invitados de Armenia, los Estados Unidos, Israel, Palestina, Turquía, India, Japón y Grecia.

La parte no musical, muy importante esta vez, incluye cuatro interesantes textos sobre la función del arte y el pensamiento educativo, filosófico y espiritual, además de la reproducción de tres pinturas inéditas de Antoni Tàpies dedicadas a la paz. Quiere proponer una amplia reflexión sobre los caminos de la paz en el mundo, con la colaboración cuatro grandes figuras culturales y artísticas de nuestro tiempo: Edgard Morin, Raimon Panikkar, Fatema Mernissi y Antoni Tàpies. Estos autores hablan, respectivamente, de los saberes necesarios en la educación del futuro, de la importancia del diálogo intercultural para alcanzar la paz entre Oriente y Occidente, del modelo hacia el cual evolucionará nuestro mundo globalizado (el del cow-boy o el de Simbad) y, por último, de la relación y el compromiso del artista creador con la sociedad y el mundo en general.

Se trata, ni más ni menos, de una voluntad de reflexionar juntos, gracias a la información y al diálogo intercultural, sobre la manera de crear las condiciones para una verdadera toma de conciencia sobre la importancia y los desafíos del momento actual. Por esta razón, el contenido de nuestro libro-cd está traducido a ocho lenguas (francés, alemán, inglés, catalán, castellano, italiano, árabe y hebreo).

Creemos firmemente que los principales enemigos del hombre que son la ignorancia, el odio y el egoísmo sólo se pueden combatir mediante el amor, el saber, la empatía y el entendimiento: ¿no es ésa la función última del arte y el pensamiento? Por eso hemos pensado que todas estas músicas, estas obras de arte, estas reflexiones filosóficas y espirituales, estos análisis acerca del mundo globalizado en el que vivimos, y también estos conocimientos ofrecidos por las estadísticas que presentamos, serán susceptibles de aportarnos un poco más de luz y una perspectiva un poco más objetiva sobre el mundo actual, tan oscuro y complejo. Las estadísticas son frías y aburridas, pero nos dan una visión precisa sobre hechos que es importante conocer, como el número de víctimas inocentes y de personas desplazadas a causa de los principales conflictos y guerras, los gastos militares mundiales, el estado del arsenal atómico diseminado por Europa y el resto del mundo. Ese conjunto de conocimientos debería servirnos para ser más conscientes de la situación en la que vivimos y permitirnos reflexionar con independencia sobre las vías que podrían contribuir a cambiar la situación de terrible desbarajuste en la que vive una humanidad agotada, que parece haber perdido el contacto con sus valores esenciales de civilización y humanismo.

La rica presencia pública y mediática que podemos tener todos, gracias a Internet, en tanto que artistas o como personas privadas más o menos comprometidas en nuestro entorno público, nos obliga a extraer las responsabilidades inherentes: ayudar al conocimiento para combatir la ignorancia y el fanatismo, manifestarse en favor de la justicia y la paz, trabajar para que los hombres y las mujeres sean cada día más libres y solidarios, enseñar el entendimiento y el diálogo intercultural, sabiendo, como decía Joan Miró –otro gran pintor catalán–, que, como artista (y añadiría que también como hombre), «lo que cuenta no es una obra, sino la trayectoria del espíritu durante la totalidad de la vida, no lo que hemos hecho en el transcurso de esta vida, sino lo que dejamos entrever, lo que permitiremos realizar a otros en una fecha más o menos lejana». Se trata de la misma actitud y la fuerza de esas grandes figuras que han dedicado su vida a luchar por la libertad y el bienestar de los demás, como Gandhi, quien nos recordaba que «en cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarlo».

Sin embargo, es importante recordar que vivimos en un mundo cruel donde los tiranos convierten a los países en rehenes (Corea del Norte) o asesinan impunemente a su propio pueblo (Siria), un mundo que es también profundamente injusto, en el cual el 1 por ciento de la población posee lo que necesita el 99 por ciento: mejores viviendas, mejor educación, mejores médicos y mejores formas de vida. Ahora bien, como señala Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía en el 2001, a esa minoría le falta algo «que, al parecer, el dinero no ha comprado: la conciencia de que su destino está vinculado al modo en que vive el otro 99 por ciento. A lo largo de la historia, es algo que ese 1 por ciento superior acaba aprendiendo… demasiado tarde». Y entonces, como observa con extraordinaria lucidez Tony Judt (1948-2010): «El miedo resurge como un ingrediente activo de la vida política de la democracias occidentales. El miedo al terrorismo, por supuesto; pero también, y quizá de un modo más insidioso aun, el miedo a la incontrolable velocidad del cambio, el miedo a la pérdida del empleo, el miedo a perder terreno frente a otros en una distribución cada vez más desigual de los recursos, el miedo a perder el control de las circunstancias y las rutinas de la propia vida cotidiana. Y, quizá por encima de todo, el miedo a que ya no sólo no podamos dirigir nuestra vida, sino a que también hayan perdido el control quienes detentan la autoridad en provecho de fuerzas situadas más allá de su alcance». El peligro previsto por Judt ya se está produciendo: «Nuestro culto contemporáneo a la libertad económica ilimitada, combinado con la intensificada sensación de miedo e inseguridad, conducen a la reducción de las prestaciones sociales y a una regulación económica mínima; pero esos fenómenos se ven acompañados de una supervisión gubernamental cada vez mayor de las comunicaciones, los movimientos y las opiniones. Un capitalismo “chino”, por así decirlo, al estilo occidental». Judt concluye defendiendo el lugar de la historia reciente en una época de olvido: «Creemos haber aprendido lo suficiente del pasado para saber que muchas de las viejas respuestas no funcionan, y puede que sea cierto; pero en lo que el pasado puede ayudarnos es a comprender la eterna complejidad de las preguntas».

El desbarajuste del mundo se ha acentuado en estos últimos años como consecuencia de una política económica inhumana que ha sacrificado millones de vidas para imponer sistemas de explotación totalmente caducos. Por eso, en esta época de grave crisis económica, sorprende todavía más el fuerte aumento mundial de los gastos militares, que ha alcanzado una cifra astronómica superior a los 1,7 billones de dólares y que sólo contribuye a alimentar y prolongar los numerosos conflictos armados que causan estragos en Oriente y Occidente, muchos de ellos no resueltos y sin demasiada esperanza de resolución a corto plazo. Por desgracia, esta proliferación de los conflictos de larga duración (Afganistán, Iraq, Chechenia, Palestina y África), así como los más recientes (Siria), junto con las guerras llamadas «irregulares», como las guerrillas (América Latina) y los diversos terrorismos, han generado hasta hoy miles de víctimas inocentes y más de 33 millones de desplazados en el mundo. Como ya señalaba Erasmo en 1517, la guerra golpea a quienes «ni les interesa, ni ofrecieron ninguna causa para el estallido». Veinte años después de haber permitido la metódica destrucción de Sarajevo y la matanza de miles de bosnios inocentes, asistimos al martirio del pueblo sirio con la misma indiferencia humana y la total inacción de los grandes países. El mal absoluto es siempre el que el hombre inflige al hombre, y es un hecho universal que concierne a toda la humanidad. Hannah Arendt fue quizá la primera en reconocerlo cuando escribió en 1945 que «el problema del mal será la cuestión fundamental de la vida intelectual europea después de la guerra». ¿Puede el arte, la música, la belleza, salvar al hombre de ese mal?

En El idiota de Dostoievski, un ateo llamado Hipólito pregunta al príncipe Michkin: «Es cierto, príncipe, que ha asegurado usted en una ocasión que la belleza salvaría el mundo?» Y prosigue: «Señores –exclamó dirigiéndose a todos–, el príncipe afirma que la belleza salvará al mundo. […] ¿Qué clase de belleza será la que salve al mundo? […] Michkin le miró con atención, en silencio». El príncipe no tiene respuesta, pero nosotros creemos, como Antoni Tàpies, en un arte que sea útil a la sociedad, un arte que mediante la belleza, la gracia, la emoción y la espiritualidad puede tener el poder de transformarnos y hacernos más sensibles y solidarios.

«¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!
Tú estabas dentro y yo fuera, y fuera de mí te buscaba.
Desfigurado y maltrecho, me lanzaba, sin embargo,
sobre las cosas hermosas que tú has creado.
Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Me tenían lejos de ti todas esas cosas que no existirían
si no tuvieran existencia en ti.
Me llamaste y me gritaste hasta romper mi sordera.
Brillaste sobre mí y me envolviste en resplandor y disipaste mi ceguera.
Derramaste tu fragancia y respiré.
Y ahora suspiro por ti. Gusté y ahora tengo hambre y sed.
Me tocaste y quedé envuelto en las llamas de tu paz.»

Agustín de Hipona (354-430), Confesiones, X, 27
Trad. Pedro Rodríguez de Santidrián

JORDI SAVALL
Bellaterra, principios del otoño del 2012

«Le preguntaron a Einstein que predijera qué armas
se utilizarían en la Tercera Guerra Mundial. Me dijeron que respondió:
“Si la Tercera Guerra Mundial llega hasta la destrucción nuclear,
puedo decir que la Cuarta Guerra Mundial se hará con arcos y flechas”».
Conde Mountbatten de Birmania (1900-1979)